Un nuevo viaje a Arequipa con un sabor especial 2025

“Oh, linda Arequipa, la novia adorada
Qué bella y esbelta, vestida de blanco te veo al pasar
Con tu prometido, el Misti dormido
Qué invidente y mudo te estrecha en sus brazos cuál su majestad”
Ciudad Blanca – Rafael Otero López.

“Todos somos pardillos de la vida” –dijo una voz en la plazoleta de San Lázaro–, en ese momento, se comprende mejor aquella anécdota del bus que nos llevaría a Arequipa.

Unos pardillos bajaron a comprar algunas provisiones sin contar con que el bus no los esperaría… Ni la insistencia de un pardillo, quien parecía gritar: ¡O nos vamos todos juntos o no se va nadie! Hizo que el bus se detuviera, pero accedió a abrir su puerta mientras continuaba el viaje, tuvieron que subir a tropel.  Dentro del bus, todos los recibimos entre risas de contentos y admirados por la travesía. El ánimo se renovó con más algarabía, cantamos, reímos y jugamos durante todo el viaje, dormir fue una excusa vana ante tantas ganas de estar despiertos y ver el mediodía en Arequipa.

Llegamos a la Ciudad Blanca, en el Terrapuerto nos encontramos con otras Tunas que también arribaban a la tierra del sillar. Becas de varios colores e instrumentos diversos se preparaban para ir hacia sus hospedajes. Como en todo largo viaje, nunca falta el soroche que arruina la fiesta, dos pardillos  cayeron enfermos. Los demás, nos acometimos a la plaza para buscar a nuestro fundador: el tuno Pipo, quien portaba una máscara de lana en forma de diablo para pasar desapercibido. Lo encontramos juntos, pues a un tuno se le ubica con el corazón que solo sabe latir musicalmente, rondamos por toda la Plaza de Armas, los arequipeños y extranjeros nos aplaudieron a rabiar, después nos dieron sus sinceros óbolos y regalías para vuestra Tuna: La Tuna Universitaria de la Universidad Nacional Mayor de san Marcos

El día jueves, con el amanecer, partimos con una serenidad clerical hacia la misa donde ofrendamos en el altar una “Oración del remanso” al cristo que vestía cintas y capa como un tuno, pues la Tuna nació en la más noble humildad, siendo pobre para gente pobre, he ahí su valía social. Al terminar la misa, el sol, como respuesta a nuestra oración, nos recibió con los brazos abiertos para el pasacalle en la tierra de Melgar, fuimos los primeros en esta caravana de jolgorio y alegría, la gente nos miraba con asombro y felicidad, muchos nos pidieron fotos entre aplausos y muestran de afecto, nosotros les entregamos el corazón en cada canción. El ingreso a la plaza mayor fue espectacular, los medios de comunicación vitoreaban el nombre de la Decana de América, el color morado cardenalicio brilló más que nunca ante el sol.

Al día siguiente, después de deleitarnos con la comida arequipeña, ensayamos en el hotel el repertorio que presentaríamos en el bello Teatro Municipal de Arequipa. En la presentación, la ovación en la primera canción fue total, nos aplaudieron efusivamente, gracias en gran parte a la nobleza en la ejecución del violín del tuno Chispita, la siguiente canción fue un mix de paso doble, el cual hizo vibrar a los espectadores al son de nuestros panderos, el hondear de nuestras banderas y los ademanes galantes de nuestras capas. Después fue el turno de nuestro solista: el tuno Malagueño, quien interpreto de forma magistral el tema que hicieran famoso Los Kipus “Yo perdí el corazón”, dejándose realmente el corazón en tan sentida evocación de amor, los espectadores aplaudieron sin pausa. Finalmente, nos despedimos bailando y felices con un Carnaval que hizo famoso la gran Celia Cruz y la Fania All Stars. Así, cerramos con broche de oro las presentaciones del antiguamente llamado “Teatro Peral”. La noche era joven aún para nosotros, pues nos esperaba un acontecimiento importantísimo, el bautizo del ahora tuno Barrabás, cuyo primer acto como tuno fue correr con la bandera entre lágrimas y sonrisas alrededor del obelisco, seguido por todos los pardillos.

El sábado, fue el más cercano a la gente que gusta del buen tunar, nos presentamos nuevamente en el Teatro de la calle de los Mercaderes con canciones que volvieron a hacer suspirar a todo el público. Entrada la noche, recorrimos las antiguas calles de San Lázaro, entregando nuestro amor a través de las hermosas melodías a las muchachas de ayer y hoy, a los niños grandes y pequeños, a los viejos de antaño y del año nuevo, pues, nuestro repertorio es variado y jocoso para alegrar la vida de nuestro público. Al terminar el recorrido entre la multitud, subimos al escenario de la plazoleta para deleitar y hacer bailar a todos con nuestro clásico “el golpito”, toda la gente río, cantó y se divirtió. Así nos despedimos, entregando lo más valioso para nosotros, nuestro amor, nuestra hermandad a través de nuestra música.

Aquella voz plural del inicio del relato, resuena en nuestra despedida: “Tuna solo hay una y como ésta, ninguna.”

Al día siguiente partió el bus que nos llevaría de vuelta a Lima. Tierra de la Virgen de Asunta y la Virgen de Chapi, pronto nos verás volver, con el dulce y rebelde tunar de la Tuna Universitaria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

¡San Marcos o nada!

Pardillo Lou Ferrigno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tunafono